El Lenguaje Corporal en el Caballo de Carrera

24.11.2012 20:59

 

                El público se aglomera en las pequeñas gradas que rodean el “paddock” donde los competidores de la próxima carrera continúan su proceso de calentamiento previo a la misma. La mayoría de los aficionados analizan en sus revistas hípicas el chance de ganar de cada competidor, retrospectos y hojas de traqueos son las bases de dicho análisis. Sin embargo para algunos más observadores, el análisis sobre el resultado de la prueba podría plantearse de una manera diferente.

El estudio y la observación de la conducta de los seres vivos nos permiten inferir sobre determinadas situaciones. En el caso específico del caballo, el estudio de la conducta ha generado una forma de comunicación distinta a la vocal, quizás más sofisticada, que implica el entendimiento de su actitud ante el medio que lo rodea, a través de un lenguaje netamente corporal. Efectivamente, tal como hemos mencionado anteriormente en esta misma columna, el caballo atleta requiere de un acondicionamiento físico que es alcanzado a través del ejercicio diario, pero a su vez, requiere de un estado de ánimo que va a la par del estado físico y sin duda es el verdadero reflejo de la condición del animal. 

                Para los estudiosos de la conducta animal, la inteligencia no está restringida a la capacidad de pensar y resolver problemas a través del razonamiento. El caballo es un animal de hábitos, de costumbre y el aprendizaje a través de la repetición es un tipo de inteligencia. De tal manera, el caballo aprende la rutina diferente del día de carrera. Esta, le alerta ante el “compromiso” que le espera; él sabe que no es un día de trabajo normal y una vez dentro del aparato de partida él deberá correr más rápido que el resto de caballos a su alrededor cómo única manera de evitar el castigo sobre sus ancas, el cual se incrementa a pesar de su cansancio. Lo anteriormente expuesto pudiera estar pasando por la mente del caballo en los momentos previos a la carrera, con su actitud, él es capaz de dejarnos ver cuál es su disposición ante la misma y la posibilidad que tiene de enfrentarla con éxito. El uso del lenguaje corporal en el caballo de carrera se ha popularizado en muchos países y la información surgida de trabajos científicos sobre la conducta y el comportamiento del caballo en su ambiente natural, ha sido trasladada a los hipódromos y aplicada al caballo atleta. Las personas que observan el lenguaje corporal del caballo de carrera cómo una manera de predecir su desempeño, han identificado una serie de características que en conjunto expresan una disposición ante la carrera. Los usuarios de este método, observan al animal en varias oportunidades, desde que arriba al “paddock” para ser ensillado hasta escasos minutos antes de entrar al aparato de partida.

                Si nos encontráramos en una tarde de carrera en cualquier hipódromo del mundo, la observación de los caballos pudiera comenzar durante el “paseo” que hacen los animales desde que dejan su caballeriza, hasta que se pierden dentro del túnel que los lleva al “paddock”. A la distancia, podemos observar los animales que “desfilan” camino al “paddock” de una manera general.  Viendo el grupo de participantes podemos comenzar a establecer comparaciones en cuanto a la apariencia y grado de alerta de cada uno de ellos. Una vez en el “paddock” los animales podrán ser observados más de cerca y de una forma más individual. Con seguridad, nadie pondrá en duda el buen estado de salud de los animales con pelaje brillante (en ingles shiny) o “chinitos” como se les dice comúnmente en mi país. Sin embargo el brillo del pelo no lo es todo, un buen desarrollo de la masa muscular por encima de una excesiva grasa corporal son indicativos de un buen estado físico. Los animales excesivamente sudados son el reflejo de un alto grado de “stress” y están sujetos a un mayor grado de deshidratación y perdidas de electrolitos indispensables para el normal funcionamiento de los principales sistemas corporales que se activan durante la carrera.  El andar de los caballos en el “paddock”, permite evaluar y hacer consideraciones sobre la mecánica y la extensión del paso del caballo como un signo de ausencia de dolores en sus miembros. El estado de alerta o de interés por lo que está ocurriendo a su alrededor es un buen signo, este puede ser observado durante el trayecto hasta el “paddock” o una vez en el mismo. Para mí es común la imagen del animal que gentilmente se detiene alza su cuello, coloca sus orejas en posición erecta y fija la mirada en algún punto que pareciera estar más allá de su entorno más cercano y una vez satisfecha su curiosidad reanuda su andar dócilmente.  Durante todo este tiempo el animal va avanzando en su proceso de calentamiento, tras la colocación de la silla sobre el lomo del caballo, se puede observar un cambio evidente en aquellos animales plenos de energía y salud. Algunos caballos se transforman, su andar ahora mucho más enérgico permite observar un signo inequívoco de la buena condición del animal, las “falsas salidas”.  Estas son el signo visual más positivo que manifiesta un animal que está en posibilidad de tener un buen desempeño en carrera y comienzan una vez el animal es ensillado. El caballo completamente “vestido” camina enérgicamente con su cuello arqueado y ligeramente torcido hacia su caballerizo, el cual hace un esfuerzo extra por controlar el ímpetu del animal con miras a evitar su desgaste; de repente, el caballo carga o arranca gentilmente por delante de su caballerizo para de nuevo responder con docilidad al mando de su peón. Las “falsas salidas” han sido descritas como “gentiles”, “controladas” y “juguetonas”, nada parecidas a las arrancadas indóciles o intentos de escaparse que parecieran más bien el deseo desesperado del animal por eludir la carrera y volver a su caballeriza.

                Los animales con el pelo opaco, descarnados, que caminan lentamente con su cabeza baja como un signo de poco interés por lo que sucede a su alrededor, en la mayoría de los casos no surgen cómo verdaderos contendores y ceden ante aquellos que están preparados física y mentalmente para la carrera. 

                La próxima vez que asista a las carreras gaste algo de tiempo en observar la conducta de los caballos, trate de entenderla y seguramente disfrutara de una parte del espectáculo que hasta ahora había pasado desapercibida.

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