Inbreeding, Linebreeding y Outcrossing y su implicacion en la Cria del Caballo

28.11.2012 10:49

           Cuando se habla o se escribe sobre el caballo purasangre de carrera, difícilmente se puede evitar utilizar términos tales como inbreeding, linebreeding, outcrossing etc.. Estos términos que para el hípico más simple seguramente son ajenos, son usados por aquellos con conocimientos más profundos para describir situaciones que se presentan en el pedigree de un caballo y que implican una mayor o menor relación (consanguinidad) entre sus ascendentes. Los distintos grados de consanguinidad o parentesco entre los miembros que componen la ascendencia de un caballo no son obra de la pura casualidad y cada vez son más las personas que los consideran a la hora de seleccionar un futuro campeón. Seguramente hemos visto como se resalta el hecho de que un ganador clásico presente en su pedigree un inbreeding a Northern Dancer, o a la matrona Almahmoud, o que una hija o nieta de Mr. Prospector sea seleccionada para ser cruzada con un padrillo de la línea de Seattle Slew. Estas como un gran número de situaciones más, son producto de la observación y de los conocimientos de la transmisión de la herencia que han dado origen a diversas teorías usadas por los criadores de caballos en todo el mundo.  Pero mi intención más que describir cada uno de estos términos de manera individual, es presentarlos de una forma general como rectores del curso o dirección que ha caracterizado a la cría del purasangre desde sus inicios y hasta nuestros días.

                El caballo purasangre es el producto de un proceso de selección hecho por el hombre, que comenzó alrededor de 400 años atrás y que implicó la reproducción sólo de animales con un gran potencial genético, de diversas razas, que constituyeron una base genética sólida a partir de la cual se fue obteniendo un animal cada vez más resistente y veloz que sus propios antecesores. Este nuevo tipo caballo rápidamente enseñó características físicas y mentales superiores a las de sus ancestros que permitieron diferenciarlo perfectamente y que lo elevaron alrededor de 1750 como una nueva raza. En la medida que el purasangre se fue afianzando como raza, la posibilidad de introducir animales genéticamente diferentes con fines reproductivos fue cada vez menor, los criadores ingleses dejaron de utilizar reproductores externos en su mayoría provenientes de países Arabes y fueron obteniendo sus propios sementales a través de cruces consanguíneos donde se concentraban la mayor cantidad de genes deseables y se descartaban los animales menos aceptables. Eclipse, Matchem y Herod con seguridad los tres sementales mas influyentes en el purasangre actual.  De igual forma la creación de leyes y reglamentos que gobernarían a la nueva raza la hicieron todavía mas inaccesible o cerrada a la introducción de nuevos individuos. Para finales del siglo 18, los criadores de la época utilizaban los padrillos antes mencionados o a hijos de estos y los cruzaban con las hijas de otro y algunas de estas combinaciones destacaron por encima de otras como más exitosas y más frecuentemente utilizadas. Algunos criadores sostenían que Eclipse o hijos de este debían ser cruzados con hijas de Herod, “Eclipse transmite la velocidad y Herod la fuerza y la resistencia” era uno de los axioma de la época. Pero quizás lo más importante que caracterizó la cría en esta época, fue el establecimiento de un sistema de cría en el que se daba una mayor importancia a la línea materna, el inbreeding o la aparición repetida dentro de un pedigrí  de yeguas superiores con un alto potencial genético era considerado seriamente al momento de establecer un cruce.  Sin embargo con el transcurrir del tiempo la práctica del inbreeding de una manera indiscriminada comenzó producir resultados negativos, lo que provocó que para el comienzo del siglo 20 los criadores aplicaran prácticas de cruzamiento diferentes. De aquí surgieron dos tendencias que han prevalecido por los últimos 100 años. La primera de ellas y como una reacción a tanto “incesto” tiene que ver con el outcrossing o el cruce entre animales que carecen de parientes comunes dentro de sus antecesores más cercanos y la otra, en aquellos casos en los cuales se producía la aparición de parientes comunes o inbreeding dentro de un pedigree, este incluía casi exclusivamente a sus antecesores machos. Estas tendencias al parecer tampoco se han salvado del juicio de muchos de los estudiosos del tema y entre otras las han responsabilizado de la dilución y perdida de muchas de las más importantes líneas sanguíneas, que han provocado entre otras cosas, animales cada vez menos sanos y en líneas generales una disminución en la calidad del purasangre actual.

                Los expuesto anteriormente, deja ver como cada una de estas tendencias han regido y prevalecido en su momento a lo largo de la historia de la cría del purasangre, nuestra intención no es juzgarlas ni parcializarnos por ninguna, probablemente la respuesta está en encontrar un punto de equilibrio que pueda ser aplicable a las condiciones actuales de la raza. La opinión acerca del tema fue consultada con algunos estudiosos del mismo a través del correo electrónico, la mayoría de ellos está de acuerdo en que una continua práctica del inbreeding, y aquí la palabra “continua” debe ser considerada, se traduce en problemas genéticos a la descendencia. Independientemente de lo superior que pueda ser un ancestro, el inbreeding a este de generación en generación traerá resultados negativos para su descendencia. El inbreeding bien concebido en un cruce, puede repontenciar la manifestación de las características de un individuo superior en su descendencia. De igual manera la mayoría coincide en que lo ideal es combinar ambas prácticas, la descendencia de un cruce que implique algún grado de inbreeding debe ser cruzada bajo el criterio del outcrossing, es decir con un individuo con el cual no tenga parientes comunes en la ascendencia más cercana.

                Para terminar, quisiera dejarles saber lo que opina quizás una de las partes más importantes en todo este asunto, La Madre Naturaleza. Instituciones tan acreditadas como el New Bolton Center han realizado seguimiento a rebaños de caballos en condiciones salvajes para estudiar el comportamiento de los mismos y entre las conclusiones que han obtenido vale la pena destacar que los sementales en un rebaño salvaje nunca se aparean con sus propias hijas, estas al entrar en celo, momento en el cual son capaces de aceptar al macho, se separan del rebaño para aparearse con un macho ajeno al mismo.

                 

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