La Medicacion Pre-Carrera.

18.11.2012 21:03

La vida atlética del caballo de carrera comienza oficialmente en el mismo momento en que hace su debut en una prueba pública. Sin embargo, alcanzar este momento no es una tarea fácil. El animal debe sortear una serie de factores, algunos propios, pero otros completamente externos a él y muchas veces tan poco controlables como el factor suerte. Con seguridad, la posibilidad de que un purasangre de carrera alcance el momento del debut comienza a fraguarse a escasas horas de su nacimiento. Las primeras dos horas de vida de un potrillo serán vitales en el desarrollo futuro del animal, pues la ocurrencia normal de una serie de eventos relacionados tanto con el potro como con su madre en ese breve período de tiempo, dejarán ver en un alto porcentaje la posibilidad de obtener un animal lo suficientemente resistente, capaz de sobrellevar sin problemas los primeros dos años de vida. De tal forma que antes de ingresar al hipódromo, la crianza del futuro atleta implicara una variedad de situaciones que pudieran ser las responsables de potenciales problemas que afectarán el desempeño atlético del caballo una vez que comience su entrenamiento.

El potencial atleta entra al hipódromo normalmente a los dos años. A esta edad, el sistema músculo-esquelético del animal no es lo suficientemente maduro para ser sometido a programas de entrenamiento muy fuertes. La consecuencia directa de lo anterior, es que un alto porcentaje de animales que logran debutar a los dos años, finaliza la temporada con lesiones suficientemente significativas, que en algunos casos los retiran de la pista para siempre. En algunos países fundamentalmente de Europa, consideran la campaña de dos años como una preparatoria, los potros, animales con altas posibilidades de lesionarse, limitan su participación a competencias en distancias cortas y preferiblemente en pistas de grama, superficie esta que ejerce un menor trauma sobre los miembros del animal.

Datos estadísticos recopilados en países hípicamente desarrollados, nos permiten ver algunos de los principales problemas que limitan la vida atlética de un caballo, llegando al extremo, en algunos casos, de no ser capaces de realizar su debut. Por ejemplo en Inglaterra, entre las causas que separan a un caballo del trabajo diario, más del 60 % están asociadas con problemas del sistema músculo-esquelético, mientras que otro 20 % tiene que ver con problemas del aparato respiratorio. Las lesiones del sistema músculo-esquelético implican el daño de huesos, músculos, ligamentos y tendones. Es lógico imaginarse, que como cualquier atleta en cualquier deporte, debe existir un deterioro normal causado por el esfuerzo de la competencia, el efecto acumulativo del “stress” sobre articulaciones, tendones y ligamentos producto de una extensa carrera deportiva, a la larga terminarán con la vida útil del atleta. ¿ Pero que puede acelerar este proceso de deterioro?. En algunos casos podemos decir que existe una predisposición propia del animal a sufrir lesiones. Problemas severos de conformación no corregidos en los primeros meses de vida, así como fallas en el proceso de osificación de los huesos acelerarán la aparición de lesiones. Por otro lado y aquí el factor suerte es fundamental, la aplicación de regímenes de entrenamiento no acordes con la capacidad y adaptación al ejercicio de los principales componentes del sistema músculo-esquelético, conllevan el colapso de los mismos. Las patologías del sistema respiratorio que afectan al caballo de carrera ocupan el segundo lugar entre las que en mayor porcentaje limitan la carrera atlética del animal. Una condición conocida como hemorragia pulmonar inducida por el ejercicio implica el daño de vasos sanguíneos a nivel pulmonar y en consecuencia la presencia de sangre a lo largo de las vías respiratorias durante la carrera. El grado del sangramiento es variable, pero en su punto más severo la sangre puede fluir desde los ollares del animal conociéndose tal situación con el nombre de epistaxis bilateral. En la mayoría de los hipódromos, la ocurrencia de epistaxis en un caballo en carrera, implica la suspensión del mismo hasta por tres meses y en aquellos casos en los cuales la condición se repite los animales son vetados de por vida para participar en pruebas públicas.

Tal realidad no escapa a la mayoría de las autoridades hípicas en los distintos países, la medicación pre-carrera está reglamentada en muchos de los principales hipódromos a nivel mundial, casualmente los únicos medicamentos permitidos para correr, Lasix y Butazolidina actúan respectivamente en función de disminuir el efecto negativo del sangramiento y de las lesiones a nivel del sistema locomotor del caballo. El uso del Lasix en un hipódromo como La Rinconada, en Caracas, Venezuela, es casi obligatorio. El esfuerzo respiratorio que debe realizar un caballo en La Rinconada a casi mil metros sobre el nivel del mar sólo puede ser sobrellevado por los efectos beneficiosos que este medicamento ejerce para disminuir el sangramiento. De igual manera la Butazolidina permite hasta cierto punto, aliviar las dolencias de un gran número de caballos que hacen campaña en nuestros hipódromos, los cuales entre otras cosas, son victimas del ejercicio diario en pistas que a pesar del esfuerzo que se hace, no tienen el mantenimiento necesario para garantizar la seguridad de los animales que allí se ejercitan. Tales medicamentos con sus limitaciones, indicados bajo un criterio profesional adecuado, son capaces de producir una mejoría marcada en el animal que se traduce en un mejor desempeño atlético durante la competencia.

Algunas estadísticas obtenidas en Australia tras el seguimiento de 1800 animales, demuestran que del total que logra debutar, ya sea a los dos o tres años de edad, el 71% de ellos logran continuar corriendo por una temporada más y solamente un 46% lo hace durante dos temporadas después de su primera campaña.

Las lesiones que implican limitación o impedimento para realizar el ejercicio, en el mejor de los casos terminan con la salida del animal del hipódromo para ser destinados a otros fines. Sin embargo un porcentaje afortunadamente bajo de competidores, termina su vida pistera, con lesiones lo suficientemente severas como para indicar la eutanasia del mismo o envueltos en accidentes fatales en carrera tras una lesión, lo que implica un serio riesgo tanto para los jinetes como para el resto de los competidores.

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